
Este fin de semana fui a Santiago a tomar un curso de Yin Yoga en la escuela de Marco Cassalli Yogalab, dictado por la encantadora Deva Mani. Para ser sincera fui sin nigún tipo de expectativas ya que para una devota ashtangui, es difícil dar espacio a otras ramas de yoga un poco desconocidas o nuevas, pero la verdad es que salí enamorada de ésta. Lo que logré entender es que el Yin Yoga tiene una visión taoísta del yoga, donde se habla de los meridianos del cuerpo, tan nombrados en la medicina de oriente.
A diferencia de mi práctica de Ashtanga, donde los músculos trabajan profundamente, en el Yin yoga hay una libertad total, se trabaja con la fuerza de gravedad, no hay dónde llegar ni nada que cumplir, sólo estar y soltar para llegar cada vez más profundo. Y así es como debería ser en todo tipo de yoga, lo que pasa es que nuestra educación occidental nos hace en cierta medida ser muy competitivos con nosotros mismos. Deva nos explicaba que a mayoría de las formas de yoga practicadas hoy acentúan el movimiento y la contracción muscular. Ojo que en Ashtanga existe la misma libertad lo que pasa es que uno se coarta y se va poniendo metas. Pero existe la suavidad y la fluidez del movimiento.
El En el taller trabajamos el tejido fino conectivo de las caderas, de la pelvis y de la espina dorsal baja, llegamos a lo profundo del cuerpo, a las articulaciones, a los tendones y a los huesos. Cada posturas dura de cinco a diez minutos.
Quedé muy contenta con el taller y con haber participado de él , creo que es un muy buen complemento para cualquier tipo de práctica de Yoga.