miércoles, 4 de abril de 2007

Favoritismos






Las películas de David Lynch tienen un sello tan característico que es como si tuvieran vida propia. Y no deja de tener gran sentido que él es quien crea y construye los espacios en que los personajes van a desplazarse, es decir que él es su propio director de arte. Cosa que no debe sorprendernos si sabemos su intima y directa relación con las artes. Este aspecto se puede apreciar en la puesta en escena propiamente tal, en la elección de exteriores e interiores, en su -a veces- minimalismo, en la utilización del color y en los decorados. Cabe destacar el exterior del inicio de Blue Velvet, las rosas rojas, el cielo azul, la tranquilidad emanada por los colores aparentemente inviolables, puros, perfectos. En contraposición al departamento de Isabella Rosellini, que, a través de sus colores lúgubres nos describe de manera subliminal el interior de la actriz y su relación con el afuera. Otro ejemplo notable es la estética utilizada en Lost Highway, la casa casi sin ventanas, los muebles oscuros, el vacío. Sólo él es capaz de transcribir su mente y plasmarla en la pantalla.
A pesar de ser un cine muy abstracto y muy difícil de comprender, existe un posible acercamiento a través de una mirada honesta, es decir, a través del estar dispuesto a no entenderlo y a confesar que no se entiende. Lynch no tiene un orden narrativo clásico, casi se podría decir que no hay orden, no hay linealidad. Sin embargo, existe una constante que va apareciendo en sus películas y que va dejando entrever destellos de continuidad y sentido. El universo que instala Lynch es una realidad oscilante, que procura disolver los límites entre lo fantástico y lo común y corriente. Introduce la duda, nos da inestabilidad permanente. Incluso a sus propios personajes, que dentro de sus hogares se sienten temerosos, inquietos, observados (Lost Highway), les da inestabilidad hasta dentro de ellos mismos.
Si hacemos un rápido recorrido por algunos de sus filmes como Twin Picks, Lost Highway y Mulholland Drive podemos ver ciertos elementos que aparecen como una constante y que hacen, a su vez de factores estéticos definitorios. Me refiero a objetos como anillos, llaves o teléfonos celulares. Objetos extremadamente cotidianos, que son puestos en escena y sacados de su rol ordinario para ser convertidos en varillas mágicas cargadas de mucho misterio y de indefinible terror. Después de ver la transformación de los objetos, es difícil desprenderse de la carga lynchiana a la que fueron sometidos. Estos objetos siempre nos transportan a espacios indefinidos, a limbos entre lo terrenal y lo infernal, a planos no físicos. Donde siempre hay alguien que lo sabe todo, que lo observa todo, que maneja y manipula los aconteceres. Hay siempre una omnipotencia representada por seres extraños, como enanos medio deformes en sillas de rueda, que están dentro de un espacio atemporal, lúgubre, lleno de pantallas, de cortinas y de luces parpadeantes. Esta dimensión está ligada siempre a objetos ordinarios, los cuales son la clave para abrir estas puertas. En Twin Picks, el anillo es el vehículo transportador y transformador de los personajes. Es el elemento que permite la mutación y liberación, en cierto modo, de Laura Palmer, es la desaparición del policía y la muerte de Teresa Banks. En Mulholland Drive, la llave azul conduce, hace posible la transformación de la rubia en la muerta Diane. Y en Lost Highway podría decirse que el celular y la cámara de video hacen posible lo imposible.
Estos elementos transmutan, desdoblan a los seres y dan cierta circulación a los personajes, algunos quedan standby otros simplemente desaparecen. Es un reciclaje de personajes. Donde gracias a la circularidad logran ponerse en el cuerpo de los otros, logran ver a través de los ojos del otro literalmente, es decir se ponen en el pellejo del otro, pero siempre hay un motivo concreto, una relación determinada, algo que saldar, alguna culpa que pagar y la manera lynchiana de resolverlo es así, le da la oportunidad a los personajes de reivindicarse a través de la transmutación, a través del dolor vivido dentro de la experiencia del otro. Por ejemplo en Mulholland Drive Diane se suicida y luego es ella misma quien vive su propia muerte desde otra perspectiva, es quien se ve a sí misma semi- podrida sobre la cama. Lynch da un mensaje karmático, todo se paga en esta vida, se paga en un presente donde todos los actores acuden, transformados o no a pagar sus desvaríos, a enfrentar sus miedos.
Dentro de los personajes femeninos hay una notoria polaridad que otorga cierto equilibrio. En Twin Picks está Laura Palmer, rubia y su mejor amiga es morena. En Lost Highway es el mismo personaje polarizado transformado, decolorado y en Mulholland Drive también, está la rubia Diane y la morena Rita. Las transformaciones también involucran coloridos. Los personajes masculinos son mas bien de un determinado color, generalmente negro y son siempre morenos.

La música en sus películas son un elemento determinante, siempre es el mismo creador Badalamenti, quien interpreta de manera asertiva la atmósfera inquietante del director. Hay siempre un zumbido peculiar en sus filmes, que nos anticipan un acontecer, pero lo hace de una manera inquietante, aterradora ya que el ritmo es muy lento, muy lineal. Esto, sumado a la ejecución de la cámara y a sus vuelos urbanos y picadas silenciosas, crean un ambiente aparentemente sin sobresaltos. Pero este tipo de movimiento de cámara, el sonido, nos hace vivenciar su cine de manera visceral. El cine de Lynch es para ser sentido y vivido corpóreamente. Lynch crea texturas que se dirigen directamente a los sentidos, al cuerpo y a la trama del cerebro. Su cine es físico, material. Produce un clima sensorial a través de imágenes concretas como la chaqueta de Sailor en Corazón Salvaje, la piel exageradamente estirada de Coco de Mulholland Drive, el sillón plastificado en Lost Highway.
Lynch inquieta, incomoda y aterra con su cotidianeidad, con sus elementos tan básicos y conocidos. Hace verosímil lo inverosímil, utilizando espacios reales los cuales interviene y altera de manera extraordinaria.
Lynch evita que se establezca certeza alguna en sus filmes, ya que piensa, al igual que Buñuel que todo lo que se comprende es reducido, por lo que muchas veces corta escenas, creando así secuencias imposibles. Reduce información para que el espectador abandone la búsqueda de sentido, la solución del misterio y se encuentre con la totalidad de la pantalla. Por lo que muchas veces su manera de narrar parece caótica.
El cine de Lynch es una suerte de laberinto, no hay salida. No hay certeza ni trama, sólo textura sensorial.